No quedan ni los pilares

No quedan ni los pilares

Cuando caen los pilares de la vida pública, representados en una persona, quedamos desolados.
Jordi Pujol supo hacerse imagen de Catalunya hasta el hartazgo, de forma que cada vez que se le acusaba de corrupto lo traducía en ver un ataque a la Nació catalana.
Lo conocí en la inauguración de un Hospital Comarcal, y hablamos unos minutitos. Además de comentar algunos detalles del área quirúrgica se dirigió a mi con mirada profundamente azul y, con una cultura geográfica y social de Uruguay por encima de los presentes, me dijo unas palabras que solo yo podía entender. Encandiló a todos y se fue muy orondo rodeado de escoltas, mientras me confirmaban su memoria prodigiosa. Vivimos convencidos de su estatura de estadista que le disculpaba de todo. Fueron muchos años de catalanidad pujolista, vividos con cierta riqueza social que nos permitía vivir y dejar vivir.
Mi objetividad anti nacionalista, me permitía criticar el lamento constante de Pujol contra Madrid. Cada problema social y/o económico era culpa de la Metrópolis; no es de recibo erigirse en perseguido para no tener culpa de nada.
Más tarde Pujol optó por hablar con los ojos cerrados y yo le hice un diagnóstico psicológico, sin ser experta en psiquiatría, NO QUERÍA VER LA REALIDAD.
Poco a poco se fue encerrando en su Yo ,este confeso corrupto, para no ver ni que le miraran a la cara. Ahora creo que tuve razón porque Pujol se iba enriqueciendo y corrompiendo tanto que necesitaba ocultarse. En los últimos tiempos el Humor se recreó en su tos y ojos cerrados, sin descubrir que era miedo a la verdad.
Ahora este personaje prefirió confesarse a modo eclesial, creyendo que le perdonaríamos.
No lo ha hecho por un ataque de vergüenza, sino en el momento oportuno y muy asesorado. Creo que sus asesores incluyen algún cura de Montserrat, al que acostumbra visitar seguramente.
Decidió que ya que el delito económico con Hacienda lo solventó, era el momento de exonerar de culpas a sus hijos y mujer. Seguramente le aterroriza ir a la cárcel o que vayan los suyos. Cruzó a Francia y se recluyó en casa de un hijo, como antes se hacía en un Monasterio. Pujol es capaz de vivir aún en tiempos teológicos que le impulsen a desaparecer. Hoy lo vimos en su refugio leyendo y eso demuestra que no está abatido ni arrepentido, solo levemente avergonzado. Tampoco mucho, porque de vergüenza nunca tuvo mucho conocimiento, por lo que se ha visto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s