Ex – presidentes

Mejores políticos,en el sentido político, que fueron dando paso a ideologías desleídas y permeables a la corrupción. Este es el estado del bienestar político que dinamitó el Sistema.
Ayudas europeas, por ejemplo, llegan para llenar las arcas públicas del dinero necesario para levantar este país pobre.
Entonces, se crece y se hacen grandes inversiones públicas, tanto como también sociales.
Los políticos tienen tareas para dedicar su tiempo público en mejorar el nivel de vida de sus conciudadanos.
Nos convencen de que “Hacienda somos todos” y que es valioso para todos aflorar el trabajo informal y pagar IVA y exigir factura.
Nuestra sociedad va asumiendo su buena salud y nos sentimos capaces de vivir bien.
A partir de un momento se tuerce la buena política y se percibe entre los gestores políticos que sisar de los abundantes presupuestos se puede.
La ética se hace laxa y si involucran a sus adláteres en ese robo, pues nadie denunciará. Se instaura el dinero B y todo vale para enriquecerse desde la política.
Las decisiones de subvencionarlo todo ha creado un sistema derrochador y una sociedad inmersa en la picaresca.
Los nuevos presidentes dejan de sentirse implicados en una buena gestión política, rociados por la riqueza sobrevenida. Se dedican a vivir en una burbuja y aún sabiendo que existe todo el saqueo público, dejan en manos de sus Partidos lo que es de su responsabilidad.
Crearon Administraciones dobles o triples sin ningún reparo por el gasto.
Claro que tiene su lógica tener ex-presidentes críticos y ególatras; se sienten con cierto derecho a compararse con los sobrevenidos.
No tienen toda la razón pero…
dejando de lado sus últimas legislaturas nefastas, trabajaron con más ahínco según sus ideas por mejorar el país.
Ahora, que entre todos ellos y sus bancas han llevado a la ruina al país, no los queremos para reiniciarnos.
Tampoco necesitamos históricos para salvarnos, porque también se han “corrompido” y trabajan en Empresas privatizadas por ellos mismos.
Ideas nuevas, caras nuevas, ética real, control público del dinero y no subvencionar lo que debe serlo; ni Toros, ni Partidos políticos, ni Fútbol, ni Iglesia, tampoco Administraciones innecesarias.
Cambiar todo sin que signifique que nada cambie.

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