Los Macondos particulares

Los Macondos particulares

Una vez dijo Sabina «en Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver».
Es cierto, y yo que fui feliz en cuatro lugares… he de reconocerle.
Durante mi vida he ido volviendo, esporádicamente y siempre me dije lo mismo «segundas partes nunca fueron buenas».
Cada vez he tenido cierto desencanto, aunque ese regreso lo disfruté dichosa.
Te reencuentras con las ciudades cambiadas y la gente también. Porque tú también has cambiado.
Uno que regresó para quedarse en su ciudad, Benedetti, lo describió como «transtierro».
No te imaginas otra forma de volver que no sea con billete de regreso.
Entre otras cosas porque tienes tu vida radicada en otro lugar y en ese te espera lo que dejaste por un tiempo.
En mi caso, me fui un día para solo volver de visita, sin haberlo pretendido así.
La vida va pasando y mientras no regresas no te imaginas que la ciudad y las gentes han ido viviendo, creciendo y cambiando.
Nunca más te sientas a charlar con el propósito que ideaste, siempre se habla como marca el momento. Regresas lamentando que lo que ibas a preguntar, no tenía importancia para los demás.
Disfrutas de las cosas y te alegras de reencontrarte con tu gente, no hay más.
Ciudades amadas también crecen, cambian y viven los tiempos que pasan. Nada queda como lo viviste y todo te parece bien aunque todo te produce nostalgia.
Eso sí, no dejes de volver … de visita.

Llanto por la mujer

Naces por doquier
doliente sin culpa
sin valor de cambio
vendible sin más,
desvalida
enmudecida
maltratada
esclavizada
castigada
Te roban el futuro
sin saberlo leer
te encierran
para que no existas
te matan sin más
te violan arrogantes
unas viles alimañas
Para todas
las fieras
de tu entorno
y de tus patrias
no vales la pena
Encerrada en casa
sales a la calle
si te lo permiten
con infame ropa
por mala intención
de hacerte invisible
Mutilada con saña,
iletrada a conveniencia
vives crisis y depresiones,
por culpables religiones,
sojuzgada hasta la asfixia
entre tus cuatro paredes.
Lloro tu ignominia
tu pena y dolor
Lloro por tu vida
marcada al nacer
Lloro por tu vida
querida mujer.

Regalo de la vida

El viento me trajo tu voz
cuando se hizo de noche
pasados tantos años
como los vividos
El viento me trajo tu voz
cual si fuera un regalo
más de la constancia
a través del tiempo
El viento me trajo tu voz
entre remolinos
semejando galaxias
mientras silba
en las ventanas
El viento me trajo tu voz
y vivo entre sonrisas
deslumbrada de luz
celebrando la vida.