Venganzas derrotables

La sed de venganza de una Iglesia poderosa, que fue levemente desplazada por la Democracia de un Estado aconfesional, es desmedida. Tanto como la que muestra la Derecha post franquista, derribando derechos civiles y de los otros.
Ostentaban ese poder omnímodo gracias a la pobreza que obliga a la ignorancia, miedo y sumisión.
Esa Iglesia quiere morir matando, porque morir morirá de muerte natural. Lo mismo sucede con esa Derecha que, cuando agonizaba, la reanimaron. Morir morirá, pero hay que hacer la eutanasia.
Mientras, dan dentelladas rabiosas a todos los de siempre y de paso a los derechosos » modernos»…
Que más del 50% de la población, por cierto las mujeres, decida con independencia sobre cuestiones muy suyas hace muy difícil gobernarlas; sojuzgadas es otra cosa.
Privatizar los Derechos civiles para que quien los goce los pague, otra gran conquista de esos Poderes.
Hemos llegado al retroceso más ambicioso desde hace 35 años; pero mejor retroceder 50 años según sus criterios absolutistas.
Destruir empleo hasta que sea necesario rogar un puesto de trabajo, les maravilla. Si los dejan en la calle, aún más.
Estudios elementales y si se puede segregados por sexo, un seguro de obreros obedientes.
Salud elemental para los fuertes, los débiles pueden morir al estilo nazi.
Mujeres domésticas y domesticadas, pariendo como sea y lo que venga. Un Ministro endiosado con cara de cancerbero impone las leyes necesarias con odio refinado.
Emulando a Atila dejan la tierra quemada, para que cueste mucho cultivarla.
Con tanta prisa, olvidaron que ya no es entonces y que ya no somos los mismos.
Resumiendo, podremos ser pobres pero muy dignos.
Nuestra pobreza sobrevenida no acepta que sea su destino y busca grietas por donde zafarse; ya no es analfabeta por ejemplo. Y ya se sabe, si los pobres saben leer y escribir, son libres y piensan.
Una sociedad que cambió mucho con el devenir de esos 50 años que nos piensan robar, no soportará los desmanes. Una sociedad que conquistó el futuro desde que nació la Democracia no es doblegable. Una sociedad moderna y europea no se puede volver a encerrar en un redil del medioevo. Una sociedad rica en ideas y riquísima en convivencias, no se dejará uniformar.
Hemos aprendido que el destino lo hacemos y no es inamovible.
¡Pobres Poderes, tienen los días contados!

Arrogancia insultante

Vivíamos en una crisis doliente tantas veces negada y más tarde repintada de verde como brotes. Con todo el poder que da un dinero negro, negrísimo como las malas intenciones, nos insuflaron esperanzas irreales que quisimos aceptar.
Una campaña electoral tan esperpéntica nos enseñaba a unos políticos muy sensibilizados y prometedores de todo lo que necesitábamos recuperar, sin que nos dieran «mala espina».
Muchos se dejaron convencer, ante la horrible crisis galopante, y seducidos por los cantos de sirenas votaron al PP.
Con su «mayoría absoluta», una crisis haciendo estragos, una gobernante tiránica y teutónica acostumbrada a ser obedecida, una Derecha nostálgica de sus años franquistas con poder absoluto, una Iglesia idem, un Presidente con deudas políticas y una incapacidad absoluta que nombra Ministros ignorantes e incapaces, unos mal llamados empresarios, se adueñaron del país y de nosotros.
Sin saber bien lo que pretendían hacer, comenzaron a desmontar la Sociedad civil no solo para pagar deudas bancarias sino para retornar al país a la época de postguerras, pobre y esclavo.
Un rencor antiguo, desde la transición mal hecha, explotó como hace un fuego artificial.
Decidieron que la corrupción era aceptable en un nuevo país de oligarquía total y se apoderaron de los Poderes públicos incluida la justicia. De los Mass media, fue muy fácil y descubiertos los Decretos- leyes no hubo más que firmar.
Ante tanta ignorancia ministerial y gobernante, pusieron en marcha la maquinaria política para mentir, descalificar al oponente, multar y castigar a los manifestantes, encubrir la propia corrupción y gastar el dinero público en sus cosas.
Les ha ido muy bien, han paralizado al pueblo y no hay quien los detenga.
Ante tanta impunidad, han desarrollado una arrogancia insultante.
Ni un tropiezo ni un árbol les obstaculiza el paso.
Los reyes de Francia también lo eran hasta que les destronó la Revolución…