Consumir para no llorar

Esta mañana de invierno es complicada porque parece que la tan traída crisis nos despierta la loca necesidad de comprar y gastar en la benditas rebajas.
Entramos en un bucle maligno que nos hace dar vueltas a nosotros mismos metidos en la vorágine de una cierta desmemoria.
Como si la crisis no nos incumbiera.
Nos adentramos en la profunda desesperanza con los viejos hábitos consumistas con no se bien que propósito.
Consumir sin sentido de lo que nos propongan las publicidades, ¿por ejemplo?
¿Sabemos discernir entre lo bueno y lo malo?
Sabemos de verdad ¿qué queremos?
¿Nos damos el tiempo justo para pensar con cordura?
También nos queda creer que para qué tantas preocupaciones, porqué preocuparse de lo que vendrá si nosotros no podemos cambiar ni darle solución.
Si no podemos hacer otra cosa que vivir hasta que nos quiten esa posibilidad, pues vamos a enloquecer sin sentido tirando el dinero y la esperanza.
Nos queda la calle para vivir entre cartones cuando todo sea imposible. Comer cuando se pueda y de vez en cuando un Albergue para ducharse y cambiar la ropa una noche que dormiremos a cubierto.
Gracias por los insensatos que nos llevarán de la mano hasta el borde del abismo y con un leve empujón caeremos hasta el fondo.
Mientras tanto, ¡a vivir que son dos días…!

Primavera social

Igual que el cerezo florecido de mi web, es la primavera española también bautizada como spanish revolution. Soñar con una sociedad más justa y equitativa, unos políticos honestos, una reforma electoral con valor igual para cada voto y unas listas abiertas sin corruptos, trabajo y viviendas dignos, un futuro mejor que el penoso de ahora, son los objetivos más puros que se pueden y deben anhelar. Uno de los slogans más lindos y recomendables es: «Si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir.» La utopía social no es otra cosa que hacer camino al andar. Mi inmersión en la historia que se mueve en la Plaza Catalunya me ha permitido el honor de soñar con ellos y caminar a su lado.