País nuevo

País nuevo

Algo está por nacer al calor de la rabia que nos atrapa. Ahora empezamos una época de confesiones indignas y pedido de perdones que no los vamos a aceptar. Supongo que asustados por el rodillo imparable de la Justicia, que no los arrollará más que con multas, se sienten obligados a confesarse públicamente. Tampoco pensemos que están realmente arrepentidos, no lo cuentan todo ni devuelven al Fisco todo lo robado, solo lo hacen para exculpar a los suyos; que tienen demasiadas culpas para ser juzgadas.
Un «Wifero» y un President arrepentidos no son más que corruptos.
Estamos viviendo una renacida Edad Media que nunca debió hacerlo.
Unas elecciones mal votadas, nunca más votar como castigo, aposentaron a unos políticos y demás personas trasnochadas que decidieron devolvernos al Absolutismo. En un Parlamento incapaz de ponerse en contra de ese Régimen, que no votamos para que nos masacren, decretan sus Leyes y derriban hasta la dignidad popular.
Ante la respuesta nuestra votando a los honestos, se santiguan y echan sapos por la boca maldiciéndonos. Empieza la nueva Inquisición, que si no fuera por lo terrible que es, podríamos reírnos de sus locuras antidemocráticas.
Reniegan del Estado de Derecho y deciden que sus adversarios son culpables y deben demostrar su inocencia. Recuerdan los Autos de Fe.
Y ahora los corruptos deciden confesar sus pecados, de gran calado social, porque dicen que así expiarán sus culpas y les otorgaremos el perdón.
Nosotros no somos sus confesores ni somos iglesias. A nosotros nos deben su dinero y a la Justicia pagar con cárcel si les corresponde.
Ante tamaña infamia y viendo pedir perdón, pareciera que asistimos a un parto doloroso de un nuevo país.