El Asesinato

Había llegado a la conclusión de que debía asesinarlo, sin más dilación. Esa noche…

Tristemente furiosa, con el corazón latiendo muy rápido y una rabia extrema, abrí el bolso y cogí las llaves de casa. Era la primera vez que lo veía todo tan claro después de tantos meses sufriendo por su culpa.

Nerviosa, impaciente e íntimamente convencida de lo que tenía que hacer, introduje con fuerza desmedida la llave en la cerradura –hice un ruido enorme– y se abrió de par en par la puerta. Me asusté de mi propio impulso, que hizo salirse la llave y me obligó a sujetar aquélla antes de que golpeara la pared recién pintada.

No era lógico entrar tan bruscamente, la agresividad no es mi estilo y resultaría extraño a los ojos de mi esposo. Lo que debía importarme era haber hallado la solución adecuada.

Sigue leyendo