Salud primaveral

Una primavera

se coló en mi jardín,

este frío invierno.

Un verde botoncito

en un verde tallo,

asoma tímido

entre verdes hojas

junto a alguna espinita.

Con suma lentitud,

con cierta prisa,

se le ve henchirse

con toda intención

para dejar entrever

un rojo pasión.

Pétalos encerrados

en ese verde botón,

semejan la crisálida

de una mariposa,

espléndida transición.

Se abren paso

los pétalos rojos

y estallan

en la más bella rosa.

( Recuperada la normalidad)

Mis mudas musas

Mis mudas musas

Mis musas divinas

se quedaron mudas.

Ellas necesitan mi alegría,

mis anhelos y mi energía .

Les he prometido

volver a darles voz,

en un corto tiempo.

Las he visto saltar de gozo,

las he oído reír

entre murmullos de alborozo.

Es un guirigay en mi cabeza,

de vasta imaginación,

de versos, música, imágenes,

de tantas ideas…

Animo a mis musas

y las llamo al orden.

Serenidad necesaria

para que pueda

escribir,

sin ningún tipo de prisa,

al menos una línea diaria…

Disipación

Disipación

Se me va quedando pequeño mi mundo ficticio, fruto de mi pasajera invalidez. Reducido a mi sillón especial, mientras deba respetar unas normas estrictas, como son asiento alto y en ángulo recto, con reposabrazos para levantarme, esta ficción durará. Claro que debo ser yo misma, quien lo vaya relegando hasta que sea un asiento más.

Cada día me entreno en deambular con seguridad y destreza.

Cierto es que cada mañana saludo a mi subconsciente y le pido sea mi acicate. Y lo cumple a rajatabla …

Ya tengo a mi recorrido hogareño muy bien caminado… Arriba y abajo.

Debo hacer un inciso aquí, para revelaros que hago paseos por las aceras. Aprendo a no tenerles miedo, porque son un desastre incuestionable . Las tendré que caminar por muchos años, todos los que viva.

Bien, volvamos a mis asuntos de casa, consistentes en caminar hasta que mis bastones se me hagan superfluos.

Cuestión que se asemeja a un bebé cuando empieza a caminar sin apoyos. Hago mis pinitos … dando algunos pasos, intentando no apoyarme en nada. Cuesta mucho, pero lo voy consiguiendo. Puedo entrenarme en un pasillo que hay en la cocina, entre una mesada y la pared.

Ahora bien, si no tengo a mano ningún apoyo posible, describo mi temor a dar algún paso, como si delante mío se abriera un abismo.

Supongo que eso mismo imaginará un bebé. En su caso no existe la conciencia ni la reflexión para superar el miedo.

Voy haciendo y sigo entrenando, no me resigno a vivir con limitaciones impuestas por mis temores.

En la medida que avanzo, siento la alegría propia de un infante y sonrío.

El ánimo se va apoderando de mi intelecto y les vuelve a dar voz a mis Musas.

La provisionalidad se va disipando, como hace la niebla cuando sale el sol.

Mi sol soy yo…