Vivir fuera de tu realidad 
A poco de salir de casa entré en una realidad paralela. 
A punto de sufrir una crisis de ansiedad, logré sobreponerme; 
a pesar de que me sentía perdida en la inmensidad que me rodeaba.
Acababa de viajar al siglo XIX?
Mi “angustia “ tenía mucho que ver con la incomunicación. 
Haber pasado a otra realidad me lo impedía de tal forma que nadie podría encontrarme. 
No era Alzheimer, no. Pero acaba de tener conciencia de no tener memoria…
Nada ni nadie me podría ayudar, hasta que no saliera de aquella realidad no deseada. 
Decidí comprar una agenda y mientras durara el desastre, escribir mis ideas y emociones. 
Pasadas unas horas decidí entrar en un gusano del tiempo, que te transporta rápidamente entre dos distancias. En mi caso fue en un tren. 
Poco a poco regresé a MI REALIDAD. 
A medida que iba adentrándome en mi zona de confort, mi alegría era mayor. Mi sonrisa más amplia porque todo me iba acercando a mi vida real. 
¡Llegué a casa y allí estaba mi teléfono móvil! 
¡En ese momento recuperé la memoria!

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