De madrugada 

Imagina que oyes cerrarse la puerta… Es de madrugada y estás durmiendo. Te despiertas y sientes un escalofrío. No sabes qué hacer… pero no te vas a quedar quieta. Nunca lo has hecho, ante todo ruido nocturno. Esta vez es diferente, crees. 
Te sientas en la cama con el más ridículo de los silencios. Razonas que si alguien entró tiene clarísimo que puede haber gente durmiendo. Te destapas y al borde de la cama te quedas temblorosa. Pero tienes otro gesto de valentía y enciendes la lámpara de la mesita de noche. Mientras, intentas captar cualquier sonido. Nada de nada. 
Supones que si te acechan ya han visto luz en el dormitorio. No queda más remedio que asomarte y enciendes luces a medida que avanzas. Te sobrecoge el silencio porque supones que alguien se esconde para saltarte al cuello. 
Cada avance luminoso, tranquiliza un poquito. Tardas en revisar todo porque miras hasta detrás de cada puerta. Te sorprendes esta vez , como las otras veces, de tu arrojo. 
También te hace gracia cómo revisas detrás de puertas abiertas sin posibilidad de tener sitio para una persona por más delgada que fuera. 
Y llegas a la puerta de entrada…
Aún queda comprobar si tiene puesta la llave y está bien girada. 
De paso miras por la mirilla, porque sí ya que estás. 
Entonces oyes voces y risas en el piso de al lado. Salen unas chicas y dan un portazo al cerrar. Como siempre … al entrar y al salir. 
Te sonríes después de un hondo suspiro. 
3-2-2017