A la Vida

A la Vida 

Ante el cielo azul celeste 

a pleno sol de la tarde

con mis brazos 

abiertos 

le sonrío a la vida.

 
Ante el cielo azul celeste 

le sonrío a la vida

con mis brazos 

abiertos 

a pleno sol de la tarde
Ante el cielo azul celeste 

con mis brazos

 abiertos 

a pleno sol de la tarde 

le sonrío a la vida 

A pleno sol de la tarde 

ante el cielo azul celeste 

con mis brazos 

abiertos 

le sonrío a la vida 

Sant Cugat 

verano de 2016

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Travesuras de Cupido 

A Walter lo vi una noche de verano. Yo llegaba a la terraza del bar musical para reunirme con mis amigos, que a su vez habían traído otros amigos. 

Él estaba sentado muy displicente al lado de una chica que parecía ser su novia. Al verme caminar con mi casi imperceptible balanceo de caderas y darse cuenta que lo miraba con curiosidad, le vi incorporarse, tal como un alumno reprendido por la maestra, para estar bien sentado y mirarme sorprendido. 

Yo tenía plena conciencia de mi figura esbelta y sensual; nunca desperdiciaba las oportunidades de lucirme. Era verano, estaba bronceada y mi cabello dorado recogido con estudiado descuido, me hacían irresistible para los hombres. 

Esa noche llevaba un vestido de seda blanca con tirantes, imitando un camisón corto, y como siempre subida a mis sandalias de tacones imposibles. 

Debo reconocer que mis amigos ya me habían alertado de que vendrían otros conocidos. Y como disfrutaban con mis apariciones endiosadas, estaban a la espera. 

Mientras iba hacia el punto de encuentro trataba de imaginar cómo sorprender a todos. Decidí ir caminando pausadamente y con decisión. 

Ese “aquí estoy yo” les encantaba y me recibían riendo y levantando las copas en un brindis de bienvenida. 

Con todo el tiempo que llevábamos juntos todos confiaban en que lo mío era solo un teatro y nunca di pie a sentir celos de mí. En una palabra era una “farsante”. 

Yo me deshacía en besos y abrazos con grititos de alegría. 

Mis novios eran ajenos al grupo y duraban lo que dura un verano. 

Hay que saber que yo era modelo. 

Había aprendido a hacerme pasar por superficial e inane. 

Nadie podía hacerme daño…

Ahora bien, esa noche quedé anonadada ante aquella figura masculina. 

Dejé de mirarle temerosa de que mis amigos vislumbraran algo de lo que surgió entre los dos, tal como un flechazo de Cupido. 

Me presentaron a los desconocidos y yo fui dando besos. Al llegar a él y besarnos oí un susurrante hola y le sonreí como a todos los demás. 

En aquella mesa larga nadie tenía un sitio propio. Estábamos en una terraza mirador frente al mar y esa noche era de luna llena. 

Todos se levantaban a mirar la luna o al mar sereno o bailar o brindar y por supuesto charlar.

 Bebíamos cava. Al volver a sentarnos cada cual iba a una silla vacía mientras no volvíamos a ponernos de pie. 

Ah, me presentaron a su acompañante como eso, acompañante. Era una mujer bella enamorada de la luna. 

Walter era alto, delgado, con el pelo castaño y largo hasta los hombros. 

Sus ojos, que volví a mirar cada vez que tenía oportunidad eran claros y seductores. 

En aquellas reuniones manteníamos una cordialidad perfecta. Íbamos y veníamos bailando y cantando. Cada cual iba a lo suyo en cuanto a crear subgrupos que a su vez se recomponían con otras personas. 

En fin, la amistad y el alcohol eran suficientes para pasar el tiempo. 

De pronto fuimos corriendo a la barandilla porque alguien nos conminó a ver qué bella era el agua plateada; al no haber olas era un espejo precioso. 

Al apoyarme en la barandilla sentí su peso y su aliento. No quise darme vuelta por temor a un beso que de todos modos me dio en la nuca. 

En ese momento me dejé caer muy suavemente hacia atrás, con la intención de demostrarle mi aprobación. 

Como él no me sujetaba con los brazos, se apoyó sobre mí con más fuerza para no dejarme caer. 

Todo duró un instante, hasta que nos dispersamos. 

Él se fue a bailar con su acompañante y yo no tuve más remedio que ir a sentarme porque las piernas no me aguantaban… 

Bailaban aparentando emoción pero yo sabía que nos engañaban. 

Fueron a buscar copas y se sentaron frente al mar en un asiento de piedra que quedaba hacia un lado. 

Parecían dos enamorados disfrutando del mar y la luna. Ella apoyaba la cabeza en su hombro y él se vio forzado a pasarle el brazo, con cierta desgana, sobre los hombros. 

Ella no se amilanó y le besó en la boca. Se veía cómo ella lo besaba mientras él se dejaba hacer. 

Supe que ella me enviaba señales de aviso, para alejarme de su hombre. 

Entre risas comenté con una amiga sobre aquellos tortolitos, que no dejaban de besarse. 

Ella me contó que eran amantes desde hacía mucho tiempo, demasiado me dijo. 

Dormían separados, según decían para evitar que les descubrieran. 

¡Yo vi el cielo abierto …!

Fui a la barra y pedí una tarjeta y un boli. Escribí el nombre del hotel y el número de mi habitación,entre paréntesis “chalet”.  

Volví a asomarme a la barandilla, al extremo más apartado del mirador y esperé su llegada.

Empecé a imaginar cómo podría darle la tarjeta y a soñar con su cuerpo cuando se colara entre mis sábanas. Porque eso era seguro que haría. 

Darle la tarjeta fue fácil porque se acercó para despedirse, ellos tenían sueño dijo con media sonrisa. 

La guardó en el bolsillo del pantalón y no sacó la mano mientras se despedían de todo el mundo. 

Me senté con mi amiga y me vio tan ensimismada que me preguntó el motivo. 

Solo le dije que Walter me encantó. Quizás al otro día podría volver a verlo. Ella me dijo que pasaba con su amante todo el verano allí. 

Walter hacía fiestas en su yate y algunas eran verdaderas orgías. 

Me dijo que si yo le había gustado lo sabría enseguida; montaría una fiesta y nos invitaría. 

Le dije que a orgías no me apuntaría y ella se rió. Dirá que es una fiesta y cuando queden los más íntimos la organizan. Ella había visto cómo entre él y su amante convencían a algunos,pasados de alcohol, para que se quedaran a dormir. 

Alguna pareja repetía y todo. 

Si vas a la fiesta ya se ocuparían de invitarte a dormir. 

Mi novio de ese verano tuvo una idea así y yo no lo acepté. Por eso estaba sola, habíamos roto la relación. 

Bueno dijo mi amiga, siempre se está a tiempo para echarse atrás. 

Ella fue una vez, no tenía pareja, porque le gustaba un amigo de Walter. 

Una vez en la cama, todos, ella entre las sombras agarró a su presa y le hizo el amor varias veces. Con todas la habilidades aprendidas y algún matiz que éste le añadió. 

Quiso cansarlo… y evitar que se fuera a por otra… y por un momento lo consiguió. 

Estaban exhaustos cuando ella sintió que la acariciaban otras manos, su presa se había desprendido, y ya estaba besando a una que no era otra que la amante de Walter. 

El que la acariciaba intentaba besarla por sus más recónditos lugares, cosa que no le desagradó. Se desmadejó con ganas de ver hasta donde eran capaces los dos de llegar. Este nuevo hombre era delicioso y se dejaba acariciar sin límites. Le encantaba su fuerza masculina tan delicada para con ella. 

Él le pesaba pero a ella le pareció bien. Como ella lo tenía decidido después de las caricias inductoras que le hizo, aceptó de muy buena gana hacer el amor. 

Vaya qué gran disfrute de los dos, tanto que comparó con el primero y no había color. 

Ella quiso subirse encima y dejarse amar hasta llegar al clímax. Lo que pasó fue algo tan inesperado aunque hasta cierto punto agradable y cayó en la cuenta que alguien la penetraba muy suavemente mientras ella hacía el amor sobre el partenaire de turno. 

Entonces dijo que no y apartó como pudo al atrevido. 

Se dio cuenta de la locura en que se había metido y salió de la cama como pudo. 

El segundo amante también salió de la cama y la cogió de la mano. La tranquilizó y se encerraron en el otro dormitorio. 

Cansados se quedaron dormidos en seguida. 

Al despertar vio a su acompañante mirándola embelesado. A ella le volvió a gustar ese hombre y ya que él estaba a punto de amarla, se acurrucó debajo y le dejó hacer. 

Este hombre es actualmente su marido. 

Terminado el relato, que escuché sin interrumpirla, nos dimos cuenta que todos se estaban despidiendo y nos plegamos a los besos y abrazos.   

Yo me fui hasta mi chalet y me desnudé para tirarme al agua de mi piscina. Con los ojos cerrados nadaba sin fuerzas disfrutando del agua. Recordaba su beso tan sensual y lo imaginaba en mi boca. 

El agua tibia me acariciaba cada vez que me movía y era delicioso. 

De pronto un chapoteo me sorprendió y al mirar le vi.

Yo le estaba esperando…

Reloj solar

Reloj solar
Las horas del reloj de sol

le confieren al tiempo

la elasticidad necesaria

para el buen vivir 

como en tiempos 

de la infancia

sin horas 

Horas que no existen 

en ninguna noche

tampoco en la sombra

ni en los días nublos

dan tregua a mis años 

aunque todo fluya

casi sin sentir.  

Las claras

Las claras
Las claras de la mañana 

me acarician la cara

Las claras de la mañana 

alegran mi despertar

Yo quiero ser tu clarita

y que te dejes besar

Yo quiero ser tu clarita 

y que te pueda rondar

Las claras de mis mañanas  

quieren ser para ti

Las claras de tus mañanas 

dámelas a mí. 

Época felizÉpoca feliz, despreocupada sin más objetivo que reír cada tarde la bebíamosa tragos largosInocencia hasta sufrir cantando boleros de amores contrariados Aprendimos a cuchichearde los requiebros de chicos seducidas y emocionadascon la certeza de gustarVeranos de playas turquesasapresando el sol en la piel en horas largas casi eternasde charlas y risas todo mielDía a día pasaba la vidade aquella adolescenciatan fugaz y tan eternacon la sencillez vital de aquellos años. Lejana adolescenciatan presente …