Objetividad… si podemos

Objetividad…si podemos

Creo útil un análisis desde la objetividad que nos ofrece la Ciencia.
Indefectiblemente habremos de reconocer que las religiones no son para “curar, prevenir e investigar” desde nuestra simple realidad médica. Estas tienen su razón de existir por nuestra necesidad de compasión y trascender a una realidad que las memorias tóxicas no nos permiten.
Hay intermediarios que no lo son y hay muchos intereses en que no sanemos y que percibamos la dualidad del bien y del mal para que seamos premiados y castigados.
Nada de esto es así, la física cuántica es una puerta y mira por donde también es ciencia, pero con la novedad de que las emociones nos “sirven”; participan en el buen funcionamiento celular y en la genética.
En el tema que nos ocupa no dejamos a la religión, no es objetiva, el trabajo científico.
Apartemos todo lo que pueda nublar nuestra actitud responsable, para poder tomar decisiones de enorme calado sanitario y por tanto comunitario o poblacional.
Las noticias desde África nos informan de una epidemia mortal por ahora, producida por un virus “muy agresivo y por lo mismo muy virulento”.
Mientras ocurre, nos enteramos que unos religiosos se han contagiado de enfermos atendidos por ellos. Nos explican que son Misioneros( figura antigua que se utilizó para evangelizar a los nativos mediante educación y atención sanitaria como premio, entiendo yo), a los que se les supone una entrega total. Creo que en su calidad de misioneros estaban dispuestos a morir allá, como parte de su religiosidad.
La Orden religiosa equivocadamente reclama del Gobierno una repatriación de aquellos. Hasta aquí todo discurre en los canales de las “buenas intenciones”, podemos casi entender. Casi, porque acabamos de vivir una reacción beligerante contra el Gobierno y contra los ciudadanos rebeldes por su intento de retornar a prácticas medievalistas invasoras del espacio público.
Pensemos que lo sucedido haya sido una petición, con toda la fuerza que pueda tener.
Esta debió de ser analizada sin tintes dramáticos y sensibleros. A la Orden se le dice que van a estudiar la petición y los responsables políticos que no son expertos, triste realidad, reunirse urgentemente con los que sí lo son.
El Ébola exige rigor y frialdad para combatirlo, con la seriedad de que no debemos contagiar a nadie y esto se llama PREVENCIÓN.
Seguramente esto y el sentido común nos habrían aconsejado no importar una enfermedad mortal; porque no se tiene la total seguridad de poderla combatir no controlar.
De este modo se le propone a la Orden religiosa que traslade a su personal sanitario y los recursos necesarios, de modo que no se les deje morir sin cuidados.
Este es el primer escalón de la Sanidad, prevenir de ese virus a nuestra población; seguramente muy bien entendido por la Iglesia que hasta se preocupa de los embriones antes de ser fetos.
Si no se es capaz de contener a las fuerzas religiosas, antes de repatriar era requerible un Comité científico y sanitario que dictara las normas y redactara Protocolos de estricto cumplimiento.
Luego entrenar, el tiempo que hiciera falta, a TODAS LAS PERSONAS QUE INTERVENDRÍAN EN CADA MOMENTO.
Salvando las restricciones de presupuestos, ya que se quiere actuar como “pide” la Iglesia, dotar de instalaciones y material SUFICIENTE cueste lo que cueste. Entrenar todo el tiempo necesario hasta que el Comité de por bueno todo lo ejecutado.
Entonces y recién entonces, proceder a las repatriaciones.
Seguramente no quedaba tanto tiempo de vida a los religiosos y que,de todos modos, esto ya se sabía.
Habrían dado sus vidas por su misión y aquí todas las Misas y el reconocimiento de sus compañeros.
En el caso de que se proceda como se hizo, correr a entrenar BIEN y proteger a los sanitarios y personal necesario en cada momento.
Eso sí, con el Comité que asesore a los responsables políticos en todo lo que haga falta.
Sucedido el primer contagio, encender las luces informativas desde un Gabinete de crisis sanitaria, y ocuparse de contener el contagio sin juzgar ni culpar a los enfermos. En nuestro diario trabajo médico cuando suceden estos problemas lo que se hace es volver a revisar los procedimientos y corregirlos.
En la política es diferente, quien comete errores que dañen la Salud pública debe dimitir ipso facto.
Eso de la culpa y del pecado es cosa de los curas, no tienen cabida en la realidad sanitaria y por ende en la política.
Ahora a trabajar en serio que, con Teresa enferma, tenemos DEMASIADO QUE HACER!!

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