Adonde nos llevan

Adonde nos llevan

China exhibió en público y en pantalla gigante la decapitación de James Foley. Y este país será la futura potencia mundial…
No solo se desatan los demonios de las derechas, también nos retrotraen al Medioevo.
Creímos superados los más atávicos instintos, otros los vamos controlando con esfuerzo de civilización.
Es muy complicado y demasiado laborioso educarnos en el respeto. En casa y en el colegio, en el trabajo y en la vida social, siempre debe imperar el respeto y el civismo.
Nosotros fuimos adalides en esto en los últimos años, respeto a la condición sexual, de género, a la diferencia de colores y religiones; hasta nos dimos el lujo de alardear haber suprimido la lucha de clases y las desigualdades sociales. Nos creímos ricos y apolíticos; una ficción de los que olvidan porque quieren. Así llegamos al nivel de los descreimientos sin preocupación: corruptos siempre hubo, ladrones del dinero público y “¿quien no”, votar cada vez al contrario por sentimiento de castigo o por probar, que se ocupen los maestros de educar a mis hijos, dejarnos explotar por trabajos y patrones, para cuatro días que vivimos…
Aposentadas y sumadas nuestras crisis financiera e inmobiliaria, no caímos en la cuenta del tsunami político que nos fue empapando con dosis de derechísimas propuestas a cambio del voto. Y así nos va…
Los recalcitrantes retrógrados y los que estaban agazapados, nos cayeron encima con una arrogancia y un desprecio dignos de seres medievales. A eso se suma un interés por volver a instaurar la religión a modo de Estado teocrático. Ahora costará una Generación arreglar los estropicios.
Es de desear que lo tengamos en cuenta y votar con tino. A ver si dejamos los castigos y nos centramos en la Reconstrucción.
Asistimos a las guerras nacionalistas, guerras religiosas, guerras sin serlo como en Gaza, guerras primaverales y guerras estratégicas. Dolor, diásporas, campos de refugio, hambre, muerte, venganzas, matanzas y terror.
Líneas rojas se cruzan a cada momento, perdido el sentido de la civilidad. Estamos repitiendo el pasado sin remedio, dirigidos y ordenados por gobernantes indignos, ejércitos asoladores, Poderes inclementes.
Es imperdonable que nos lleven a presenciar castigos y asesinatos decretados por quien sea; ni siquiera televisado.
Necesitamos salir del agujero enlodado y oscuro, cuanto antes.

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