Alumna feliz

Alumna feliz

Desde hace un tiempo soy una discípula nueva, de unos niños soñadores, felices e imaginativos.
Mis nietos me pasean mientras los paseo. Ellos me descubren que las cosas no son lo que parecen.
Aprendo que los coches no son solo coches; tienen marcas, matrículas que hablan de sus edades por ejemplo, ruedas con diferentes dibujos y tamaños impensables, nacionalidades que te muestran con escudos y letras, y todo lo que se ve hasta dentro de un coche y nunca dimos importancia.
Bancos de ciudad que también sirven para correr y saltar.
Distancias entre farolas o árboles que se pueden medir contando del uno al … según camines despacio o rápido.
Las palomas corren a pasitos cortos asustadas hasta que prefieren volar. Los gatos nos miran si les maullamos con cariño y saltan haciendo piruetas cuando les hablamos.
Aparecen camiones y no se imaginan de cuantos tamaños diferentes hay. Pasan y pasan para regocijo de nuestras miradas. No sabía que si les saludas, los camioneros te sonríen y saludan con la mano.
En las obras de la calle hay ruidos y obreros que saben explicarnos para que sirven las máquinas.
Los carteles tienen muchas letras iguales a las de nuestros nombres.
Los semáforos nos ayudan a cruzar con sus hombrecitos verdes.
Cuando lavan las calles quedan charcos con ganas de que los pisemos.
Las escaleras de los juegos del parque te llevan a cruzar puentes de cuerdas para los valientes.
Las flores sirven para aprendernos los colores. Alguna mariposa no quiere jugar y se va en cuanto nos acercamos.
Si miras al cielo lo ves rayado de blanco que hizo un avión.
Los coches de la policía a veces no corren y los Bomberos siempre.
Las bicis aparcadas son para analizar, algunas sin rueda ni sillín las vemos tristes, otras nuevecitas con candados están descansando.
Los coches en el parking no duermen porque no tienen ojos.
El supermercado tiene unas cestas de plástico con un asa redonda que ruedan muy bien si nos las ponemos delante enjaezados como caballitos.
Así, se quedan las manitas libres para coger chocolates.
Es inacabable e inabarcable el mundo que aparece ante las miradas infantiles, con explicaciones realmente fantásticas y curiosidad sin fin.
Lo bueno de ser abuelita es que tus nietos se pasan el tiempo charlando contigo mientras te explican y enseñan de todo; caminan contigo muy contentos porque siempre les escuchas.
Da gusto volver a aprender con ellos.

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