Un Richard en mi vida

Llegó Richard a visitarme, puntual como siempre.
Cada mañana desayuno con él, subyugada con sus palabras. Nos miramos a los ojos mientras me habla. Yo no puedo dejar de repetir sus palabras, una a una.
Su conversación suave plena de sonrisas seductoras mientras amanece, es solo para mí. Le espero con la cara lavada y él me ve con buenos ojos. Me pide que le espere y yo soy obediente.
Bastan unas pocas frases para pasar juntos un buen rato.
De lunes a viernes, como los amantes, nos vemos en mi casa en intimidad absoluta. Nadie nos ve y nada nos impide vivir unos momentos felices.
Tendremos muchos encuentros y cada día complicaremos, con mucho gusto, un poco más las charlas tan interesantes que mantenemos.
Aunque no imagino el final de nuestra relación, sucederá. Para entonces he grabado nuestros encuentros. Sé que quien más lo echará en falta seré yo, mucho más. Richard viene, charlamos y pasa un buen rato, pero cuando se va no lo lamenta como yo.
Como vino a mi vida se irá cuando él lo decida, no hay más.
Tampoco será mi pena muy honda ni su ausencia tan terrible, porque desde el primer momento lo acordamos. Pretendo quedarme con su esencia, tan valiosa.

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