Caminata de estío

Hasta las cigarras duermen
cuando las sombras no están
desde el cielo celeste el sol cae
cae a plomo como un fuego
sobre los campos agostados
ni una nube se atreve a pasar
las aves calladas no trinan
barre el viento caliente
la tierra y levanta polvo
como fina harina tostada
del camino que lleva al arroyo
donde corre un hilo de agua
que sortea los guijarros
unos blancos marfileños
otros grises como perlas
algunos chiquitinos
de un color marrón
En medio del silencio
posado sobre el campo
no queda más remedio
que callar mirando
sentados en la orilla
como bañamos los pies
dándoles sombra
con mi pamela de ala grande
y un blanco parasol
que llevas con desgana
Alguna mariposa amarilla
y un estilizado ciempiés
adornan los guijarros
brillantes y resbaladizos
por el agua mojados
Ningún árbol crecido
junto al arroyo canijo
que solo tiene matojos
dispersos a los lados
Con abanicos de paja
nos quitamos el calor
y bebemos agua fresca
de las cantimploras
Sentados sin pensar
quedamos un rato
hasta descansar
de la caminata
antes de volver al camino
que nos ha de parecer
como ir a una fogata

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