Un cuento de nunca acabar

Había una vez, un país mediterráneo en el extremo del Mundo romano. Eran los tiempos nuevos de su renacida Democracia, después de cuarenta años muy oscuros.
Un grupo de hombres elegidos tuvo que rehacerlo todo sin cambiarlo todo. Para ello redactaron una Constitución.
Al cabo de muchos años la reconocieron imperfecta, pero fue lo que pudo ser y sirvió a sus habitantes hasta entonces.
Los políticos, crecidos en esa Democracia, eran los menos críticos porque les beneficiaba. Ellos habían creado los Partidos y se diseñaron las Instituciones a su antojo. La Constitución les protegía y daba normas al respecto.
Estas eran las adecuadas para una Monarquía parlamentaria que nacía con aquella.
Todo era nuevo y relumbraban las leyes de libertades recuperadas como la de libertad de expresión, la de Estado de Derecho, las de las Regiones y derechos forales entre muchas más, la de Estado aconfesional.
Al conjunto de leyes, normas y Sistema de gobierno lo denominaron Transición.
A pesar de las dificultades y de ETA, la vida y la sociedad vivieron el resurgimiento de un nuevo país.
Hubieron elecciones y se pertrecharon de un Gobierno, un Congreso de Diputados y un Senado.
Un buen día ETA dejó de matar y la vida se hizo más bella.
Antes, los políticos descubrieron que podían enriquecerse cobrando comisiones por todo tipo de gestiones y como no era de esperar cada día se hicieron más atrevidos.
Nadaban entre billetes de colores embolsados como basura; los de color lila valían mucho y abultaban menos.
A los políticos se les calificó de corruptos y a los dispuestos a pagarles pues corruptores.
Como la duda existencial de que fue primero, el huevo o la gallina, estos dos tipos de delincuentes intentaron justificarse. No pudo ser y se pidió a los Jueces que dirimieran el grado de delito.
Los Jueces, aunque no siempre imparciales porque eran los políticos quienes los nombraban en altos puestos de la Justicia, desde entonces intentan ser independientes. Como es de suponer no siempre lo consiguen.
Algunos terminan sus brillantes Carreras apartados en cuanto destacan por enjuiciar correctamente. Alguno sobrevive sin saberse hasta cuando.
Entre tanto los políticos consiguen dilatar los procesos hasta que prescriben.
Mientras tanto siguen en sus puestos y consiguen seguir medrando con la cabeza alta y ofendidos de que se dude de su honorabilidad.
Desde hace unos años todo se precipita, crisis financiera y crisis inmobiliaria y la peor que es la crisis de valores democráticos y los de todos los días.
Y claro, saltan por los aires todas las costuras que remendaban los agujeros económicos hechos por los políticos a las arcas públicas.
Ellos medraban a escondidas y hasta con el método de trocear el ingente montón de dinero trucaban cuentas.
Descubrieron en la Geografía que además de países se podía ubicar a los Paraísos fiscales.
Deseosos de vivir como ricos antes que les descubrieran, se excedieron tanto que por eso los descubrimos. De pronto nuestra picaresca saltó al estrado de la más abyecta corrupción casi como un Estrellato vergonzoso.
Cada día algún político” listo” y sus adláteres nos dan la sorpresa de que tampoco era honesto.
Ahora, casi no tenemos tiempo para leer y ver todas las noticias y dedicamos más a unos pocos pero que han robado mucho.
Los listos siguen en política muy bien colocados y sin pagar por sus fechorías, la justicia tarda hasta hacer que prescriban sus delitos; ellos caminan orondos sin contestar a preguntas de los periodistas. Además se ofenden y demandan a los que les recuerdan sus estafas.
Yo no quiero cansar más vuestra audiencia ni agotar vuestra atención, por eso dejo aquí este relato por un tiempo. Les prometo que cuando se juzgue a alguno y sea condenado, a lo que sea, les contaré más.

P.D. Se lo dedico a mi muso, Javier @clamorsegovia

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Un pensamiento en “Un cuento de nunca acabar

  1. Amparo, según avanzaba en la lectura, me ‘sonaba’ y cual es mi sorpresa al final con esa PD. Gracias por haber servido de algo mis tribulaciones diarias.
    Al margen de todo lo que está pasando, me reitero en mi perseverancia de que hay que cambiar el Sistema; y eso se puede hacer básicamente de dos formas o violentamente (cosa que reniego totalmente) o con acuerdos importantes. Ahora que tenemos una herramienta que jamás (al menos yo) había soñado, que no es otra que las Redes Sociales, unidos todos podríamos crear una Gran Plataforma para el Cambio de Sistema. Ya se que me muevo en la utopía, pero sé que otras utopías dejaron de serlo, para tornarse en realidades.
    Un abrazo muy cariñoso.

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