Amor predestinado

Le buscó cada mañana
ninguna noche le halló.
Navegó hasta por el Nilo
en la dirección del Sol
la Luna no la guió.
Astrolabios ni compases
ni cartas de navegación
sirvieron para encontrarle
tampoco por los desiertos
que hasta el de Petra llegó.
Por más giros de las ruedas
para rezar en el Tibet
ni desplegando banderas
ningún Dios le respondió.
Recorrió la Gran Muralla
y con él no se encontró
en las trochas de las selvas
sus huellas no descubrió.
Nada dijeron Santones,
porque no les preguntó,
como tampoco al Patriarca
ni a Imanes les suplicó,
porque perdió la esperanza.
Así fue como la Vida
de improviso hasta sus brazos
trajo a su verdadero Amor.

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